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La Inteligencia y el libre albedrío. ¿Se puede prevenir lo imprevisible?

Abstract. Siempre se ha considerado a la Inteligencia como la encargada de predecir el futuro pero pocas veces se es consciente de las dificultades que el libre albedrío conlleva. Nuevos retos sociales y metodológicos aguardan a la Inteligencia que deberá redefinirse para poder sobrevivir. Ya se sabe, renovarse o morir

152492501_f597ffc65b_zPodréis encadenarme la pierna, pero ni el mismo Zeus podrá quitarme mi libre albedrío”.

Con estas palabras el sabio de la Antigua Grecia Epicteto mostraba a sus discípulos una de las cualidades, a su juicio, innatas en el ser humano: la capacidad de elegir. Casi dos mil años después, Mark M. Lowenthal, un imprescindible en el mundo de la Inteligencia decía, “la Inteligencia trata sobre la reducción de la incertidumbre. Y punto”.[i] Pero, ¿qué relación existe entre el libre albedrío y la Inteligencia? El nexo es la incertidumbre, la indeterminación generada por el libre albedrío y la ardua tarea de evaluarlo asignada a la Inteligencia. En principio puede parecer que sea como “ponerle puertas al campo”, pero un cambio de perspectón más factible, ¿existe entonces el libre albedrío? O mejor, ¿tiene sentido hablar de Inteligencia?

El libre albedrío: el precio a pagar

Este debate no es nuevo en el mundo de la Inteligencia. Tradicionalmente se ha tendido a hablar de dos corrientes, la de los artistas, con una visión más intuitiva, de “sexto sentido”o de presentimiento a la hora de trabajar con la incertidumbre; y los científicos, con una mayor devoción hacia métodos analíticos y empíricos.[ii] Esto lleva a la pregunta, ¿es la Inteligencia una Ciencia o un Arte? Sobra decir, que como buenos enemigos sus posiciones parecen irreconciliables. Pero la clave, puede estar precisamente entender qué es y, sobretodo, qué implica el libre albedrío.

Los defensores de la visión artística de la Inteligencia aseguran que el ser humano no es racional, que éste no sigue ninguna norma o patrón determinado y que, por ende, no puede estar sujeto a ningún modelo matemático.[iii] En definitiva, que no es predecible.

El libre albedrío hace saltar por los aires cualquier intento de predicción humana, aunque quizás esa sea una afirmación demasiado osada.

La historia viene de lejos. Desde las sociedades primitivas siempre se ha premiado el comportamiento gregario en detrimento del individual, el beneficio del grupo sobre el beneficio individual. Pura cuestión de supervivencia. En la actualidad, el mundo cada vez más globalizado en el que vivimos ha propiciado un cierto “determinismo tácito” que hace que el libre albedrío sea supeditado al beneficio de una “cosa” llamada Sociedad. En definitiva, que en contadas veces es posible hacer uso de eso que a veces ni siquiera somos conscientes que tenemos y que se llama voluntad. Es precisamente por hacer lo que “se debe” en lugar de lo que “se quiere” lo que beneficia a la Inteligencia.

Los designios y voluntades globales hacen que los seres humanos 5496770877_4208d7d403_zsean igual de predecibles que las demás cosas. Si existen modelos que permiten estimar las poblaciones animales, es porque su dinámica está regida por el principio de supervivencia, porque la voluntad colectiva es sobrevivir.[iv] Del mismo modo, el deseo de supervivencia en el pasado y otras finalidades más complejas en el presente permiten hacer homogéneo el comportamiento humano. El libre albedrío se desvanece y en su lugar aparece tendencia de comportamiento, patrón y relaciones estandarizadas de acción-reacción o causa-efecto que permiten la modelización, la determinación y, para beneficio de la Inteligencia, la previsión humana.

La Inteligencia: una cuestión de probabilidades

Si el libre albedrío, por tanto, no es la norma sino la excepción que confirma la regla; entonces, el comportamiento humano queda reducido, simple y llanamente, a una cuestión de probabilidades. Si la misión de la Inteligencia es prevenir el comportamiento humano, el quid de la cuestión estará en determinar con qué probabilidad el comportamiento esperado, el racional “impuesto” por la comunidad, prevalece. Pero más aún, cuál es la probabilidad de que lo inesperado, lo irracional como consecuencia de esa excepción que confirma la regla, y para la que generalmente no se está preparado, acabe ocurriendo. Es aquí cuando, desde un punto del punto de vista de los artistas, se intentan poner puertas al campo. No así desde el punto de vista científico. Bayes, Pareto, Nash, Markov, Rowe y un largo etcétera pueden contribuir a hacer la Inteligencia más objetiva, democrática y aséptica, pues sus métodos permiten aproximaciones numéricas al comportamiento humano.[v]

 Esto contrasta con la aproximación artística o cualitativa que impera en el pensamiento intuitivo. La captación e interpretación de las señales que se obtienen de la realidad son procesadas y contrastadas por el estado mental previo del analista; es decir, la forma de identificar la incertidumbre se basa no en la realidad, per se, sino en la interpretación de la realidad que hace el analista.[vi] Esto que al principio podría ser una ventaja pues permitiría la “contextualización” de la realidad, ¿no es en verdad un proceso de “poner etiquetas” a la realidad, de prever el acontecimiento más probable a base de recordar patrones de repetición? Si es así, no estamos ante pensamientos intuitivos sino inductivos, que si repasamos las clases de lógica, consisten en obtener reglas a partir de ejemplos, de ir del particular al general. Y volvemos a lo mismo, a buscar patrones de repetición, modas y tendencias que homogeneicen y caractericen la condición humana. ¿No recuerda esto a lo que hace la Ciencia?

Pero volviendo al libre albedrío. En las aproximaciones artísticas raramente 2301854041_80e5a1b23fexiste lugar para el libre albedrío. Si el estudio del comportamiento humano se hace “desde dentro”; el pensamiento crítico resulta una tarea muy compleja puesto que no se vé aquello que no se espera ver. El libre albedrío o las excepciones, al no ser esperadas, raramente pueden ser contempladas.[vii] Definitivamente el interés común tiende a impedir alternativas individuales, otro ejemplo más de supervivencia. Por tanto si son imposibles de imaginar dichas alternativas, mucho más lo será asignarles una probabilidad. Por contra, las aproximaciones científicas permiten establecer rangos de probabilidades de forma objetiva, en donde sí existe cabida para todas las posibilidades y su valor numérico –piénsese en la Teoría de Bayes, por ejemplo. Al fin y al cabo, más de una vez los métodos científicos han predicho cosas aparentemente imposibles y luego se han confirmado, no? Que lo pregunten si no a los físicos cuánticos. De hecho, mientras que el libre albedrío supone una amenaza para el razonamiento intuitivo, para el científico, permitiendo pensar “desde fuera”, no es más que una probabilidad más. El rechazo a lo “anormal” es por tanto una cosa cultural.

Nuevas definiciones para la Inteligencia

Estadística bayesiana, teoría de juegos, juegos de guerra, investigación operativa, análisis de redes, entre otras muchas, son técnicas muy bien conocidas y estudiadas por las Ciencias. Todas ellas al alcance del analista de inteligencia y esperando ser utilizadas. Sus aplicaciones, infinitas y su problema, el desconocimiento. Tradicionalmente la Inteligencia ha venido actuando de forma básicamente intuitiva, artística. La finalidad de la Inteligencia ha sido siempre buscar relaciones de causa-efecto para poder prever el futuro, de buscar la causa primordial a partir de la cual trazar el devenir de los acontecimientos. Esta descripción se corresponde con la forma de conocimiento de la Historia y de las Humanidades, la forma de conocimiento a la que están entrenados la gente que tradicionalmente ha ejercido la labor de Inteligencia.[viii] El desconocimiento de las posibilidades de la metodología científica está pues en la formación, en exigir que existan relaciones causales en todos los sucesos. De esto se desprende que lo difícil es acoger la aleatoriedad en este pensamiento “tradicional”. El grupo limita la voluntad individual, pero no la elimina, por lo que sigue siendo una probabilidad a considerar.

Por ello, el “redescubrimiento” de estas técnicas y su 2302651444_00fc119685_zaplicabilidad en el campo de la Inteligencia es un valor en alza. Desde luego, en la Inteligencia Militar es ya casi una tradición y su apuesta por ellas se refleja en la ingente cantidad de recursos que se destinan a su desarrollo. Paralelamente, la Inteligencia Competitiva, generalmente considerada heredera de la metodología militar, sigue sus mismos pasos. Más interesante todavía es que la irrupción de estas técnicas va a necesitar una redefinición del concepto de Inteligencia. Esta necesidad nace del actual aumento de complejidad de la sociedad que se traduce en un aumento de las variables a considerar y de los métodos a necesitar para estudiarlas. Por ello, la necesidad de conocimiento experto y específico va a ser clave. Esta necesidad de saber experto relega al generalista, que tradicionalmente se le ha atribuido al analista como requisito para “poder contemplar todas las posibilidades”, a un segundo plano. Dicho llanamente, no va a ser necesario saber, sino tener el teléfono del que sabe. Ya no va a ser necesario intuir, sino interpretar y compilar. Divide y vencerás dice el dicho. El debate, está servido.[ix]

Así pues, nuevos y más complejos retos atañen a la sociedad exigiendo también nuevos y más complejos enfoques. En esto la Inteligencia, no puede quedarse atrás. Pero todavía queda una pregunta por resolver: si por un lado la sociedad se comporta de forma predecible, pero puede que a veces no; si algunos sucesos pueden surgir de forma espontánea, sin aviso, sin previsión; si como parece lo único posible es interpretar la realidad en vez de inferir el porvenir, entonces, ¿tiene sentido hablar de Inteligencia?, si todo resulta que es posible, ¿realmente merece la pena intentar prevenir el futuro? Estas son las viejas preguntas que la Inteligencia tendrá que responder en los nuevos tiempos. Por el momento, su trabajo debe ser el de intentar mantenerse al margen e intentar volver a sus orígenes pero con nuevos métodos. Su misión, acotar de la forma más objetiva e imparcial posible las probabilidades de la incertidumbre, complementar el proceso de decisión aunque sin tomar la decisión. Pero sobretodo, ser consciente de que sea cual sea su predicción, perfectamente puede pasar cualquier otra cosa, al fin y al cabo, las probabilidades están ahí. Ser consciente de que incertidumbre lleva aparejada la posibilidad del error.[x] Si a la Inteligencia se le exige infalibilidad o que sea ella la que erradique cualquier posibilidad de aleatoriedad o libre albedrío, entonces no tiene sentido hablar de Inteligencia ya que eso, al final, implicaría ser más poderoso que el mismísimo rey del Olimpo.

Carles Ortolà Boscà –Brunel University


[i]

Mark M. Lowenthal, “Towards a Reasonable Standard for Analysis: How Right, How Often on Which Issues?,” Intelligence and National Security 23, no. 3 (2008): 313.

[ii]      Stephen Marrin, “Is Intelligence Analysis an Art or a Science?,” International Journal of Intelligence and CounterIntelligence 25, no. 3 (2012): 531.

[iii]      David Brooks, “The Elephantiasis of Reason,” The Atlantic, January 2003, http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2003/01/the-elephantiasis-of-reason/302655/.

[iv]      Encyclopedia of Quantitative Risk Analysis and Assessment (John Wiley & Sons, 2008), 191.

[v]      Baruch Fischhoff and Cherie Chauvin, Editors; Committee on Behavioral and Social Science Research to Improve Intelligence Analysis for National Security; National Research Council, Intelligence Analysis: Behavioral and Social Scientific Foundations (Washington, D.C.: The National Academies Press, 2011), chap. 1.

[vi]      Richards J Heuer and Center for the Study of Intelligence (U.S.), Psychology of intelligence analysis ([Washington, D.C.]: Center for the Study of Intelligence, Central Intelligence Agency, 2001), 34.

[vii]     Christopher Chabris and Daniel Simons, The Invisible Gorilla: And Other Ways Our Intuition Deceives Us (HarperCollins, 2011), 67.

[viii]    John Lewis Gaddis, The landscape of history : how historians map the past (Oxford; New York: Oxford University Press, 2002), 148.

[ix]      Frank C. Keil, “When and Why Do Hedgehogs and Foxes Differ?,” Critical Review (New York, N.Y.) 22, no. 4 (January 1, 2010): 415–426.

[x]      Richard K Betts, Enemies of intelligence : knowledge and power in American national security (New York: Columbia University Press, 2007), chap. 6.

Comentarios

3 comentarios en “La Inteligencia y el libre albedrío. ¿Se puede prevenir lo imprevisible?

  1. Excelente artículo. Lo mejor que he leído sobre análisis de inteligencia recientemente

    Publicado por Juan Pablo | febrero 20, 2013, 8:58 am
  2. Hello, I enjoy reading all of your article. I wanted to write a little comment to support
    you.

    Publicado por Http://Www.Kevinvandam.Com | junio 29, 2013, 5:29 am

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